El caballero de la mano de fuego. La obra del célebre Javier Villafañe, inspirada en los clásicos de caballería, ahora en versión de opereta.
Carlos se retuerce en la butaca del Teatro Presidente Alvear. Tiene seis años y acaba de descubrir que es rebatible, mientras espera con impaciencia a que comience la función. Tanta ansiedad tiene un porqué. Sobre el escenario se ven los instrumentos de los músicos que tocarán en vivo. Y además, Carlos sabe muy bien lo que viene a ver: El caballero de la mano de fuego , la opereta.
La elección de que los músicos actúen en vivo responde al hecho de que ésta es una versión musical de la célebre pieza del celebérrimo Javier Villafañe, versionada y dirigida por Daniel Spinelli, con dirección musical y música original de Santiago Chotsourian.
Basta que en la penumbra se vislumbren las figuras de los músicos ocupando sus puestos para que la cuantiosa platea estalle en aplausos. Y así se empieza a contar esta historia, inspirada en los clásicos de caballería: una princesa, su padre, un secuestro de la princesa a manos de las huestes del mal, y el heroico caballero que la liberará.
Daniel Spinelli cuenta que en realidad no sabe muy bien por qué eligió convertir la obra en una opereta. “Ciertas decisiones suelen obedecer a razones misteriosas, inconscientes -sostiene-.
El caballero de la mano de fuego fue el primer texto de Villafañe que leí y la obra con la que debuté como profesional hace treinta años. Me sedujo instantáneamente este clásico de los títeres escrito en romance octosílabo. Y aunque participé en varias versiones del mismo en diferentes roles y momentos de mi vida profesional, desde el primer instante lo imaginé cantado, musical, atraído por la poesía y la rítmica de sus versos, y no había podido concretar ese sueño hasta ahora”, explica el director.
“El autor la escribió hacia fines del ‘30 o principios del ‘40, y la representaba en su carreta-retablo, en los caminos rurales, a veces alumbrando su boca escénica con un farol de kerosene.”, agrega Spinelli.
La inclusión de la música y de un coro implica cantantes, ¿los integrantes del coro son cantantes o titiriteros que cantan? Esa pregunta nos acerca al corazón de esta propuesta. Los integrantes del coro son, efectivamente, titiriteros que cantan sus personajes. Cada personaje -Trenzas de oro, el caballero, el Brujo- es interpretado por dos titiriteros, uno que le otorga su voz y el otro que le da vida, lo anima con sus manos desde la caja escénica. No podría ser el mismo intérprete quien mueve el títere y quien canta al mismo tiempo. Las sucesivas posiciones de su columna vertebral en la secuencia escénica, ocultas a los ojos del público, no se lo permitirían. De ahí que la voz al personaje le venga desde un costado de la escena.
¿Por qué eligieron titiriteros y no cantantes? Porque la obra no debe perder su condición de farsa, de ironía sobre las historias de caballería, y esa necesidad nos lleva al grotesco, a esa deformación de la voz que es propia del oficio del titiritero, precisamente. Luego, ha mediado una preparación coral y musical muy intensa y rigurosa por parte del maestro Chotsourián, y la colaboración en el entrenamiento vocal de Magdalena León. Sin ellos no hubiera sido posible alcanzar esta unidad de acción del personaje disociado interpretativamente en dos titiriteros.