Eugenia de Chikoff: Kate Middleton sería una reina espectacular
Dos añejas esmeraldas engarzadas en sendos anillos, uno por mano, hacen juego con un par de pendientes y un par de ojos trotamundos. La dama elegante es la que lleva, a lo sumo, dos anillos, sentencia Eugenia de Chikoff, con su particular acento multiétnico, enfundada en un traje negro, de doble botonera dorada, que deja asomar el jabot de una camisa blanca. La elegancia de su porte no necesitaba más que un sombrero para ser perfecta.
“Me llaman ‘Condesa’ y me convierten en una incestuosa”, comenta ofuscada ante el apelativo que la hace tan popular. “Yo soy hija, no esposa de mi padre. La esposa es condesa, a mí deben llamarme ‘Señorita’, porque nadie se atrevió a casarse conmigo”, aclara la mujer que se ha convertido en un ícono del “arte de saber comportarse en sociedad”, métier que enseña en un centro privado y en distintos cursos de mediano y largo plazo.
Eugenia nació en la Argentina, hija del Conde de Chikoff, noble ruso que adquirió gran notoriedad en el país, y su esposa francesa. Se dedicaba con gran placer a enseñar artes marciales, principalmente Kung Fu y esgrima, disciplinas que aprendió de los mejores profesores del mundo. “No te voy a dejar nada en herencia. Pero pídeme que te consiga los maestros más lejanos y yo te los pagaré. Porque tu mejor herencia será la que acumules en tu cerebro”, cuenta que le había dicho su padre cuando niña.
“Un día, mi padre me pidió que dejara el Kung Fu. Quería que tomara su lugar como maestro de Ceremonial y protocolo porque había cumplido 92 años y ya no podía seguir trabajando”, relata y parece sorprenderse todavía al rememorar esa “esa sentencia terrorífica”. Luego sonríe. Y es que, tras sobreponerse al abrupto cambio de profesión impuesto por su progenitor hace casi tres décadas, encontró su lugar en el mundo. Hoy tiene cientos de alumnos, es convocada por todo el que necesite un consejo protocolar para prestar su sabiduría y hasta tiene miles de fans en Facebook.
¿Qué lugar tiene el protocolo hoy?
No estamos más en el mil. En el mil había reyes, emperadores. Todo esto se fue con la bruma del tiempo. No hay más reyes. Los de hoy, son reyes de opereta porque no mandan. La reina de Inglaterra es de opereta. Se derrumbó el protcolo porque no hay más reglas.
No obstante, en Inglaterra, la reina oficialmente está arriba del Estado. La corona está por arriba, pero el que manda es el gobierno. Y la casa real británica es muy importante. Carlos es el primer príncipe del planeta.
Entonces, ¿se han terminado las reglas?
Lo que cambia está caput. Fijate en la Iglesia Católica. Yo soy católica apostólica romana e iba a la misa siempre. Pero hoy en día no voy. Antes se cantaba en latín y me daban la ostia en los labios. Hoy, no. Esa no es mi religión. La religión es la misma pero el dogma ha cambiado. A ese dogma lo rechazo. Aquí, en mi corazón tengo al templo de Dios. Porque estoy hecha a su imagen y semejanza. Y no voy más a la Iglesia. Veo a Dios en la belleza, en la naturaleza de los árboles, de los pájaros, de las nubes, de las estrellas, de la vía láctea, de la luna… Todo eso es el pincel de Dios. Dios existe. Lo amo con toda mi alma. Pero mi religión me ha defraudado.
¿Qué piensa de la pareja de Kate Middleton y Guillermo?
Me gusta mucho la joven pareja real. El es carismático, se parece al padre, pero tiene la seducción de la madre. Y la chica en cuestión no diría que es bella. Es simpática, seductora, atrapante, sería una reina espectacular. Porque la reina no debe ser una figurita de Hollywood. Debe ser como es Kate. Un rostro humilde. Daría una reina maravillosa. No es escuálida. Me parece muy linda como mujer. No parece inglesa. Al revés que Lady Di que parece muy inglesa, estereotípica, Kate casi parece latina. Y tiene la seducción del latino. Es una hermosa mujer.
Por María Silvina Ajmat
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