Galerías, tiendas de diseño y hoteles históricos en una vuelta por el barrio más aristocrático de la capital inglesa
LONDRES.-El Big Ben con sus pesadas agujas marca el tiempo de una ciudad acelerada. En un rincón de la ciudad, una señora inexpresiva toma el té con scones en un salón musicalizado por un piano; muy cerca, un oficinista trajeado saborea una pinta de cerveza junto con un colega en la puerta de un pub; en la misma cuadra, el dueño de un restaurante indio invita con sus especialidades con curry, que vende más que el clásico fish and chips, y más allá un barbero propone afeitadas al ras al estilo tradicional en un ambiente vintage y chic. Londres son todos ellos y más. Es una ciudad que se reinventa permanentemente: toma lo nuevo sin descartar lo viejo.
Mayfair, en West London, delimitado por Oxford, Regent, Piccadilly y Park Lane, es un claro ejemplo. Es un barrio en el que lo antiguo y lo moderno se retroalimentan perfectamente en una misma cuadra, en una galería, en un piso, en un hotel. Desde el siglo XVIII es la zona más aristocrática de la ciudad. En aquellos tiempos era habitada por la familia Grosvenor; también allí vivió el compositor George Frideric Handel y continúa igual de elegante gracias a las embajadas, las plazas y todo el verde que la rodea: el Green Park, el parque St. James y el Hyde Park.
Lujos de todos los tiempos
Las antiguas galerías comerciales de la zona lucen intactas, entre espacios de arte, bistros, restaurantes y hoteles históricos, como el Ritz y el Brown´s, el primero de lujo en la ciudad, que data de 1837 y es desde donde Alexander Graham Bell hizo su primera llamada telefónica, y que hoy tienta tanto por su tradicional servicio de té como por una barra de tragos sofisticados y hasta exóticos (ganadores de varios campeonatos), para disfrutar con jazz en vivo e imágenes en blanco y negro del artista inglés Terence Donovan.
La extensa galería Burlington -construida en 1819 por lord Cavendish para evitar que los peatones arrojaran basura en su jardín-conglomera pequeños locales de los lujos British de siempre, como el cashmere, la porcelana, los baúles de viaje, la joyería y los frascos de colonia que recuerdan a la abuela. Y son tan atractivos como los innovadores espacios de compras que se levantan ahí cerca, como el fashionista Dover Street Market, un multimarca premium que en sus varios pisos vende ropa, accesorios y objetos de destacados diseñadores internacionales en un ambiente intencionalmente vintage, aunque todas las colecciones sean de la actual temporada. Lo más curioso en planta baja es su expendedora automática de remeras.
Para vestirse
Las calles más concurridas del barrio de Mayfair son la New Bond Street y la Old Bond Street -su continuación hasta Piccadilly-, que exudan la opulencia del lujo actual en el mundo. Es ahí donde las firmas quieren estar. Está presente el gusto British con Asprey, con sus gargantillas de diamantes y carteras de cocodrilo; Burberry, la de los trenchs históricos y siempre vigentes, y Alexander McQueen, la tienda del afamado diseñador que se quitó la vida el año último y hoy es toda una leyenda. La marca está a cargo de su mano derecha, Sarah Burton. Además convocan las mejores marcas italianas, como Gucci y Prada, o francesas, como Chanel, Louis Vuitton y Hermès, con joyerías incluidas. No obstante, New Bond Street es conocida por otras casas mundialmente conocidas: las de subastas Phillips y Sotheby´s.
Para hombres de negocios, artistas, políticos y más personalidades públicas que quieran vestir lo más upper class, la cita obligada es Savile Row, reconocida por su sastrería masculina a medida, frecuentada tanto por los príncipes William y Harry como por sir Mick Jagger, y muchos políticos y personalidades.
Mayfair suele ser mucho más tranquilo que otros barrios. Más que recomendable para un viaje que incluya darse todos los gustos.
Por Gabriela Cicero
Eviada especial
TOMAR EL TÉ, UNA CEREMONIA
Si tienes frío, te da calor; si tienes mucho calor, te refresca; si estás deprimido, te reanima; si estás exhausto, te tranquiliza. Estas palabras le dedicó William Gladstone, primer ministro británico durante la segunda mitad del siglo XIX, a esta infusión a la que todavía en Londres se le da una importancia única.
El té llegó a Inglaterra desde China a mediados del siglo XVII, con toda su vajilla de porcelana. Primero se puso de moda en Holanda y después en Inglaterra, según datos de The Braham Museum of Tea and Coffee. Ya para el siglo XVIII estaba presente en toda casa aristocrática y de la clase media. Sin embargo fue apreciado como bebida reconfortante durante la Revolución Industrial: con leche y azúcar se popularizó entre los trabajadores de las fábricas.
Tomar un té en cualquier parte de Londres es una experiencia digna de disfrutarse. Sin embargo hay lugares emblemáticos que lo sirven como la tradición manda. En salones distinguidos, donde se asiste bien vestido, musicalizados por un piano y donde la bebida se sirve en su punto justo con vajilla que remonta a novelas de época. Es recomendable reservar con anticipación.
The English Tea Room, en Rocco Forte´s Brown´s Hotel
Elegido por The Tea Guild´s como el Top London Afternoon Tea en 2009, este salón combina paneles de madera y chimeneas de otros tiempos con toques contemporáneos, como lámparas de Paul Smith, telas y piezas artesanales. Casi siempre se ven más mujeres en las mesas. Un lugar inspirador precisamente, ya que pudo haber dado letra a una de sus huéspedes, Agatha Christie, para su título En el hotel Bertram, regado de mucho té con dulces.
Ofrece nada menos que 17 variedades de té (incluido un blend propio del hotel) y cuenta con el asesoramiento de dos sommeliers especializados. Antes de ser servido, con su tetera y filtro, llegan las bandejas con scones calientes, sándwiches de miga de salmón, huevo, pollo o pepinos; copitas de yogur con miel y trocitos de melón; canasta de chocolate con frambuesas y arándanos; tortas, muffins glaseados con naranja, mermeladas y más dulzuras. Ese es el servicio tradicional, que se sirve en vajilla china hecha exclusivamente para el hotel. El valor es de US$ 62 por persona y hay permanente resposición de té y platos sin adicionales.
Fortnum & Mason
Entrar a esta enorme tienda, con influencia china en la decoración, es parte del paseo. En el ingreso tiene teteras de vidrio en exhibición para apreciar las texturas, los colores y los aromas. La casa tiene una historia como proveedora de té desde hace 300 años. Primero de la mano de los chinos, más tarde de la India durante el período victoriano, y después de los cultivos locales. Los amantes de las mermeladas encontrarán en sus góndolas muchos sabores típicos ingleses. Pero los que gusten de la mermelada de naranja se harán un festín: tiene más de 20 variedades (con mango salvaje, ron, jengibre, whisky, champagne, naranja siciliana con o sin piel). Además, la tienda ofrece mieles, chocolates, biscuits y todos los elementos para celebrar el té.
Es posible tomarlo en cualquiera de sus cinco restaurantes, pero el lugar indicado es el St. Jame's: ahí se incluye una selección de canapés, sándwiches de miga, los típicos scones, miniaturas de tortas y tartas. Hundirse en un sillón, tanto para reuniones de negocios como para conversar en familia o con amigos durante una hora, es la propuesta de este lugar tranquilo y con estilo. Cuesta US$ 55.
El hotel Ritz
Tiene el orgullo de pertenecer al Tea Council, igual que el Brown´s, y ambos de la cadena The Leading Hotels of the World. El servicio se ofrece en el Palm Court, con una extensa selección de 17 variedades de té. Scones frescos recién horneados para acompañarlos con mermelada y crema espesa; sándwiches de salmón ahumado, pepino, pollo, queso, y dulces irresistibles (entre ellos, la famosa torta de chocolate Ritz), manzanas al horno o conservas de frutillas. Las mesas se reservan al menos con 12 semanas de antelación, especialmente para los fines de semana. Totalmente prohibido el jeans y las zapatillas. La cosa es de traje y corbata. El precio es de US$ 65.