Su film narra un cónclave cómico con ecos del que siguió a la muerte de Juan Pablo II
ROMA.- Aburrido, un guardia suizo desaliñado -en camiseta y con el tradicional pantalón a rayas amarillas, celestes y rojas que la leyenda indica que diseñó Miguel Angel-, pone música en el departamento papal. Suena "Todo cambia", con la inconfundible voz de Mercedes Sosa. Las notas van traspasando los muros del Palacio Apostólico y alcanzan a los más de cien cardenales allí encerrados desde hace días, que comienzan a aplaudir y a moverse al ritmo de la canción.
Es una de las escenas de Habemus Papam , el último film del reconocido director italiano Nanni Moretti ( El caimán, La habitación del hijo, Caro diario, Aprile , entre otros), que en medio de gran expectativa se estrena hoy en Italia y que fue seleccionado para competir en el Festival de Cannes.
La película -que ayer La Nacion pudo ver en un preestreno atestado de periodistas- cuenta la historia de un papa deprimido, aplastado por el peso de la inmensa responsabilidad (interpretado por el famoso actor francés Michel Piccoli), que intenta salir de su estado de pánico con la ayuda de un psicoanalista -el mismo Moretti-, que no es una novedad que actúe en sus películas.
Con escenas hilarantes, pero también dramáticas, el film está ambientado en la Roma actual y en un Vaticano perfectamente reconstruido. La Capilla Sixtina, espectacular, fue realizada en Cinecittá, mientras que para recrear los salones del Palacio Apostólico se rodó en los fastuosos ambientes de Palazzo Farnese y de Villa Medici de esta capital, según contó Moretti mismo.
Con un guión inteligente, que no critica a la Iglesia Católica, sino que la trata con gran respeto, aludiendo muy sutilmente a una necesidad de cambio en su seno, Habemus Papam arranca con imágenes de archivo del funeral de Juan Pablo II, en abril de 2005. Y sigue con el ritual de la procesión de 128 cardenales electores que avanzan cantando hacia la Capilla Sixtina para participar del cónclave para elegir al nuevo papa. Casi todos los cardenales, turbados, le piden a Dios en silencio lo mismo: "Por favor, ¡yo no!". Después de varias fumatas negras, los favoritos -que tampoco quieren llegar al trono de Pedro-, logran que sea elegido un virtual outsider , el cardenal Melville (Piccoli). Cuando el cardenal protodiácono anuncia a la multitud de fieles que llena la Plaza de San Pedro, eufórica, que "¡habemus papam!", el nuevo papa es víctima de un ataque de pánico: nadie aparece en el balcón de la Basílica de San Pedro y el mundo, expectante, se paraliza. Llamado de urgencia, Moretti, el mejor analista de la ciudad, no puede hacer nada por su paciente. Y queda preso en el Vaticano, donde organizará desopilantes torneos de voleibol para los cardenales, también obligados a quedarse hasta que el papa dé la cara en público.
Margherita Buy, que interpreta a la ex esposa de Moretti, también psiquiatra, atenderá al papa sin saber que es el sumo pontífice, ya que éste sale de incógnito del Vaticano. Y el polaco Jerzy Sthur, en el rol de vocero, en un intento de ayudar al papa montará un plan que termina saliendo pésimo. Así, de incógnito el papa "depre" saldrá a recorrer la Ciudad Eterna, tomará un colectivo, se comerá un cornetto (como se llama aquí la medialuna) recién horneado, mientras está por tomar su gran decisión.