Se atrevió a salirse del comediante para abordar a un hombrecito gris en la película Los Marziano
"¿Es una de Francella?", pregunta alguien. ¿Una película? ¿Una obra? ¿Un programa de TV? No importa. La palabra Francella hace que irremediablemente vaya primero. No es algo que lo logren muchos artistas. Ni siquiera la fama otorga el título de "una de". Y ocurre aunque la película en cuestión sea Los Marziano , en la que no es protagonista, o el programa El hombre de mi vida , en el que comparte cartel con Luis Brandoni. El lo sabe, pero cuando se trata de cine, es cuidadoso y trata de ignorar cualquier impulso del ego. "Esta es una película coral, en la que no hay un protagónico. Ni siquiera una pareja protagónica", aclara. Y sí, la estrella es Los Marziano , la nueva propuesta de Ana Katz. Allí, Francella encarna a Juan Marziano, que tiene dos hermanos. Ellos son Luis y Delfina, interpretados por Arturo Puig y Rita Cortese. Los dos varones están distanciados desde hace mucho tiempo, pero una extraña enfermedad de Juan lo obliga a viajar a Buenos Aires para hacerse tratar. Eso acerca la posibilidad de reencuentro entre ellos, aunque ninguno cede un milímetro a las trivialidades que los ocupan: digitalizar cientos de casetes, uno, y averiguar quién hace peligrosos pozos en su country, el otro. En el medio, su hermana y Nena (Mercedes Morán), esposa de Luis, tratarán de que los hermanos vuelvan a reunirse.
Pero no es una película en la que Francella encarne a un personaje que puede hacer reír. Puede hacerlo, pero con otro estímulo. Es de esos papeles que arrancan esas sonrisas livianas, sinceras, que tuercen las comisuras de los labios. Es un trabajo distinto. Un nuevo trabajo distinto de Francella. "Me gustó mucho el guión porque está plagado de sutilezas, hay muchas cosas que no se dicen, y confié en lo que quería hacer Ana. Obviamente, seguí a rajatabla el tono de la película porque ella era quien tenía la historia en su cabeza -explica-. Mi personaje tiene un problema puntual neurológico, pero es un colgado, un bohemio. Está más preocupado por digitalizar sus casetes que en curarse." En la película de Ana Katz (producida por Oscar Kramer y Hugo Sigman), el mismo Daniel Hendler hace una participación especial y el elenco lo completan los hermanos Facundo y Martín Lombard, Julieta Zylberberg, Rebecca Deering, Mónica Raiola, Cristina Alberó y Raquel Bank, entre otros.
-Es un personaje muy distinto de los que solés abordar...
-Hace unos años que me vienen pasando cosas muy diferentes en la carrera. Hubo una búsqueda que ahora está trayendo sus frutos. Me ocurrió con las comedias musicales, género que no había transitado, hasta que hice dos ( Los productores , El joven Frankenstein ). O he tenido la dicha de hacer, de golpe, El secreto de sus ojos , con Juan José Campanella, un papel muy distinto, o de haber podido trabajar con Alfredo Alcón en teatro, en Los reyes de la risa . Como actor, que ya tengo más años, me da ganas de que me pasen otras cosas, me enorgullece.
-De todos modos, hay un público que, a lo mejor, espera que lo hagas reír...
-Sin duda. Pero esta película no es para eso. Quise transitar este género, y me gustó. Nadie se va a sentir defraudado con Los Marziano porque es una película al corazón, al alma; es entrañable. Tampoco ocurrió en El secreto de sus ojos .
- ¿Sentís que estas dos películas abrieron definitivamente la puerta para el actor que venía tapado por el cómico?
-Puede ser. Van a verme distinto desde lo postural, desde lo corporal, de lo expresivo, de la austeridad. Son cosas diferentes. Igual fui muy feliz con las películas industriales que hice para los chicos tiempo atrás. Fue algo muy popular; me divertí y lo pasé bien. Pero también ahora lo paso muy bien. Me da otra dimensión. De todos modos, tiene que ver con el guión y el director que te toca... y que te convoque. Si hay una buena historia y un buen disparador, yo me subo.
-Pero ¿hubieras hecho esto hace diez años? ¿No te hubiera dado un poco de miedo?
-Nunca sentí miedo. Siempre traté de combinar. Cuando me decían: "Guille, tenemos un público cautivo; nos está yendo fantástico. No toquemos ni una coma", yo siempre sentí que también se podían tocar las comas. Hicimos Bañeros o Extermineitors , pero insistí en que se podían hacer películas distintas, para toda la familia. E hicimos Un argentino en Nueva York , que fue un boom, hubo una identificación y algunos podrán decir que fue light , pero la vieron dos millones y medio de personas.
-¿Te molesta que te asocien tanto con la risa?
- No, al contrario. Siento que es una bendición. Veo el rostro de la gente que, con sólo pasar, me sonríe. Será porque en algún momento de su vida lo habrá pasado bien conmigo.
-Jorge Guinzburg me dijo una vez que, adonde fuera, la gente siempre esperaba que dijera algo gracioso...
-Es verdad. La demanda siempre está y, si estás serio, sos un amargo. Nos ocurre a todos los que hemos hecho reír alguna vez. A veces es mucho. Pero no porque te duela el estómago o porque no tengas ganas de hablar, sino porque tampoco podés estar a 20 centímetros del piso las 24 horas del día. De todos modos, te aclaro, no me pesa tanto esa demanda. Hay veces que me termino riendo porque no puedo creer la devolución que me hacen.
-Che, ¿te gustó el Oscar, no?
-Sí, mucho.
-Lo tocabas con un amor...
-Sí, claro. ¡Es muy pesado! Pero fue hermoso. La verdad, que me encantó. Sinceramente, algo que no olvidaré.
-¿Por? ¿Te hizo soñar?
-Y sí... Toda la vida soñé ese momento. Siempre vi las ceremonias del Oscar con mi hermano, desde el principio hasta el fin. Nos encantaba ver la ceremonia y con algunos personajes me emocioné mucho. Por eso, lo lindo fue que, cuando estuve, no lo vi como un hecho natural. Me quedaba observando cada detalle. Fue hermoso.
Hiperactivo
Cuando grababa Casado con hijos , salía corriendo del estudio para meterse en el teatro Lola Membrives a hacer Los productores , minutos antes de salir a escena. Luego siguió La cena de los tontos, que, además, dirigió; después, el desafío de El joven Frankenstein, que, aunque no fue mal, tampoco fue el éxito esperado, y el año pasado, quebró la taquilla con Los reyes de la risa . En medio de eso, filmaciones. No puede parar. Le encanta.
Ahora, apenas volvió de Mar del Plata (donde terminó primero en la taquilla), se metió de lleno en las grabaciones de El hombre de tu vida , telecomedia de Juan José Campanella, que saldrá este mes por Telefé. "Estoy muy entusiasmado con esto. Es un espléndido disparador, una gran idea que me tiene loco. Es un tipo que se queda sin laburo, con la edad que tiene, con un pibe de 14 años y grandes problemas económicos, hasta que su prima le ofrece trabajar en su agencia, que se ocupa de encontrarles el hombre de su vida a distintas mujeres solas. Pero no es un prostituto; estas mujeres buscan un compañero", explica, sobre el programa en el que repetirá la dupla de Durmiendo con mi jefe , junto con Luis Brandoni. "Trabajar con Campanella es un placer. El ama a los actores y tiene muy en claro lo que quiere", dice.
-¿Te preocupa el rating?
-Sí, me preocupa. Hace más de cinco años que no hago televisión. La gente me ve en el aire, pero siempre repetido. Desde 2006 que no hago nada. Y bueno... El rating es lo que nos mantiene a todos. Si un canal te convoca, el objetivo es que generes encendido. ¿Cómo no me va a preocupar eso o que la taquilla de un teatro no ande o la película tampoco responda?
- ¿Y cuando eso no anda, lo tomás como algo personal?
-En una época sufría mucho. Si me ponían la mejor película de la historia del cine en otro canal, ya sabía que me podía ganar, pero, así y todo, me hacía daño. Estoy mucho mejor.
-¿Qué te curó?
-El tiempo, la madurez. Estoy mucho mejor. Obviamente que quiero que me vaya bien. Me encanta la televisión y fui competitivo. Me gusta que me pasen cosas, sobre todo con un producto como el que tengo.
-Entonces ¿te dolió El joven Frankenstein ?
-[Duda.] Cualquier espectáculo en la Argentina sería muy feliz con lo que metimos: más de 70.000 personas en 7 meses; fueron 10.000 personas por mes. Pero para un musical, en el que trabajamos 60 personas, no es suficiente. Con [Pablo] Kompel creímos que la gente conocía más la historia de El joven Frankenstein , pero no fue así. Nos dábamos cuenta de que se reían por repetición, pero no se reían inicialmente en cada gag. Igual, fue dantesco. No me olvido nunca de lo feliz que fui haciéndola. Se salió empatado.
-¿Vas a descansar del teatro?
-Sí, por un tiempo quiero parar. Me fascina, pero tengo que reconocer que me cansa la rutina, no gozar nunca de un fin de semana o de un feriado largo, o no poder nunca tomar mate hasta las 8 de la noche en tu casa. La verdad es que no; no tengo ganas otra vez, por ahora.
-Parte de la comunidad artística volvió a manifestar públicamente su ideología y se involucra en lo político. ¿Qué pensás?
-Considero que si sienten algo por alguien y que eso les está haciendo bien, está perfecto que lo expresen. Me parece bien que se identifiquen con algo o con alguien.
-¿Y vos?
-No tengo ningún fanatismo puntualmente por algo. Obviamente que me preocupo, miro, leo, observo, tengo mi opinión, pero no poseo el fanatismo de expresar mis sentimientos políticos. Primero, que no los tengo tan exacerbados. Estoy en los grises, con opiniones que me gustan de determinadas personas, y otras que no me gustan tanto. Pero no es una identificación tal como aquellos que la expresan; están enarbolados o lo viven como una necesidad. Les debe pasar algo muy fuerte y están convencidos de que es lo mejor para los argentinos.
Sin el clásico bigote, Guillermo Francella ya no se preocupa sólo por hacer reír sino por conmover
Guillermo Francella y Rita Cortese forman una dupla espléndida en la nueva película de Ana Katz
No le gusta hablar mucho de proyectos. Pero está pendiente del detalle, desde una foto hasta la medición de audiencia de su programa, o de cómo marchan las grabaciones o de si hay paro de técnicos en el canal. Pero para todo tiene una palabra de cordialidad, aunque es capaz de lanzarte la mirada más potente cuando cree que sos el crítico que alguna vez dijo algo que no le gustó (no es este el caso). Así, sereno, directo y diplomático a la vez, Francella no teme mostrar también su rostro verdadero.
-¿Cómo sos vos, Guillermo? El tipo que no ve el público...
-Soy un tipo impulsivo; me gustaría ser más relajado. Como dicen los tanos: que me "nefreguen" las cosas. Al contrario, me preocupo por todo y me gustaría que no fuera así. Vivo observando, mirando, cuidando y, a veces, no tengo tantas ganas de ser así. Pero ya está en mi naturaleza estar observando y cuidando a los que amo y tenerlos siempre... Me gustaría ser un poco como este Juan Marziano, colgado y más bohemio. Me gustaría más que las cosas pasaran por pasar.
-¿Por qué? ¿Sos de lágrima fácil?
-Soy emotivo, sí; soy de emocionarme. ¿Qué decirte? Soy un tano llorón.
-¿Y qué te hace llorar?
-Muchas cosas, pero a veces es llorar de felicidad, de ternura... El amor a mis hijos me hace emocionar mucho, mucho. La paternidad ha sido para mí la mayor exaltación de felicidad. Mis hijos me hacen emocionar mucho con su crecimiento o tan sólo por verlos felices.
-¿Alguno sigue tus pasos?
-Todavía, no. Nicolás, el mayor, está colaborando conmigo en El hombre de tu vida , en producción. Lo llevé para que diera sus primeros pasos ahí, para que mirara, para que observara, y me gusta lo que le pasa porque está feliz. Veo que le resulta útil y que también es útil para quienes lo convocaron. Me gusta lo que está pasando con él. Johana está terminando el secundario con sus 17 añitos. Todavía no tiene muy en claro qué es lo que quiere. Bueno, es el lugar común de todos los chicos... [Se queda pensando, "colgado".] Y bueno, nada... Me quedé con ellos en la cabeza.