Las autoridades deberían advertir de que la Navidad es perjudicial para la salud. Comilonas, alcohol a mansalva, algún que otro cigarrillo?
Estrenamos año y, como acostumbra a suceder cada 365 días, también una larguísima lista de buenos propósitos destinados a convertirnos en una versión mejorada de nosotros mismos. El primero, recuperarnos de los excesos navideños. Con el ardor de estómago todavía reciente, nos informamos vía San Google, o pidiéndole consejo a ese vecino hippy, y pronto llegamos a la conclusión de que el Grial existe y se llama dieta depurativa. Una poderosísima arma puesta a nuestro alcance para acabar con todas las toxinas de nuestro organismo y, de paso, hacernos perder algún que otro kilo e inyectarnos una buena dosis de energía y vitalidad. Con las promesas en una mano y la triste botella de sirope de arce (gentileza del vecino hippy) en la otra, nos asalta una última pregunta antes de enfrentarnos al martirio del hambre: ¿realmente merece la pena tanto sacrificio?.
Empacho de toxinas
Y es que, al menos a simple vista, las dietas depurativas no sólo parecen completamente inofensivas, sino también tremendamente beneficiosas para nuestra salud. Sus defensores no cejan en su empeño de presentarnos un apocalíptico mundo repleto de toxinas que nos acechan. Si les aprietas, reconocen que nuestro cuerpo cuenta con medios propios para deshacerse de ellas a través del hígado, los riñones, la piel? El problema real, más allá de exageraciones, aparece cuando acumulamos más toxinas de las que nuestros órganos son capaces de eliminar, señala la nutricionista Natalia Lluch, del equipo de Cirugía Plástica y Estética del Centro Médico Teknon. Llegados a este punto, añade esta experta, el exceso de toxinas produce síntomas como cansancio, astenia, debilidad? Así las cosas, en ocasiones es importante ayudar a nuestro organismo a eliminar cualquier exceso de toxinas a través de una dieta depurativa.
Sin probar bocado
El método en el que se basan es muy sencillo: renunciar temporalmente a ciertos alimentos, que se cree contienen toxinas, para volver a reintroducirlos de forma paulatina. Algunas requieren un ayuno light (durante el cual está permitido ingerir zumos de frutas, infusiones no azucaradas o caldos vegetales); otras, añaden complementos nutricionales o, en el peor de los casos, lavativas. Todas tienen en común la duración (de entre 2 y 10 días), la recomendación de realizarlas dos veces al año (en primavera y en otoño, coincidiendo con el cambio de estación); y una larga lista de beneficios que, encabezada por la eliminación de toxinas, también incluye la promesa de perder peso rápidamente, de prevenir y curar enfermedades, o de aumentar nuestra energía y claridad mental.
Así las cosas, ¿qué puede haber de malo en las dietas depurativas? Bueno, puede que más de lo que pensamos. Algunos expertos sostienen que, debajo de su reluciente y puro envoltorio, esconden no solo una falta total de eficacia, sino también un buen puñado de peligrosos efectos secundarios.
El lado oscuro
Entre los detractores de estos regímenes figura el Doctor Félix Gómez-Guillamón, especialista en Medicina Interna y experto en Nutrición del USP Hospital de Marbella. Son una tomadura de pelo y carecen de base científica, asegura tajantemente. Este especialista, como el resto de los enemigos de estas dietas, considera que no solo no son necesarias para eliminar toxinas, puesto que nuestro organismo se basta y se sobra para purificarse, sino que, además, pueden poner en peligro la salud de las personas que las siguen.
Para empezar, y dado que se basan en un ayuno completo o parcial, producen un gran desequilibrio nutricional (no en vano, hasta sus defensores más acérrimos advierten que conviene hacerlas siempre bajo supervisión médica, y reducir la actividad al mínimo mientras se llevan a cabo). Y es que, como indica el doctor Gómez-Guillamón: para que el ayuno sea efectivo es necesario llegar a la crisis depurativa. Es decir, a un punto en el que, al no disponer de hidratos de carbono, el cuerpo recurre a las grasas para obtener combustible. A pesar de todo, la perdida de peso que se logra con estas dietas es ficticio, puesto que se elimina muchísima más agua que grasa.
La situación se agrava cuando se complementan con suplementos laxantes y diuréticos, que pueden acabar produciendo deshidratación o problemas en el aparato digestivo. Si algo bueno tienen, concede Gómez-Guillamón, es que acostumbran a aportar una gran cantidad de vitaminas y minerales. Aunque, en realidad, en un país desarrollado como el nuestro, sin deficiencias vitamínicas graves, no hay ninguna necesidad de seguirlas. Algunos expertos van más allá y se atreven a hablar de lo adictivo que puede acabar resultando no consumir prácticamente ningún alimento o hacerse un enema. Acciones que producen una sensación muy parecida a las provocadas por la nicotina o el alcohol.
Que no te falten
Pero más allá de intoxicadas polémicas, existen un buen puñado de poderosos aliados que (y esto sí está demostrado científicamente), pueden facilitarle la vida a los órganos encargados de purificar tu cuerpo. Ponles cara:
Frutas y verduras
Contienen mucha agua (entre el 80 y el 90%) y son ricas en vitaminas y minerales (capaces de aumentar su capacidad diurética y, por extensión, su poder a la hora de eliminar toxinas). Además, aportan mucha fibra, que evita el estreñimiento y facilita la expulsión de impurezas. Para asegurarte de que no llegan a tu mesa cargadas de sustancias tóxicas o parásitos, ráscate el bolsillo y cómpralas cultivadas orgánicamente. En tu lista no pueden faltar las manzanas, las uvas, el limón, las cerezas, las fresas, la alcachofa, el hinojo, los espárragos, el perejil y los berros.
Cereales integrales
Avena, salvado de trigo, maíz, semillas de calabaza, de girasol, de linaza.. Excelentes fuentes de fibra que contribuyen a eliminar residuos y a limpiar los intestinos, evitando la proliferación de gérmenes y toxinas.
Agua
La mejor amiga de tu proceso de purificación. Gracias a ella las toxinas pueden eliminarse a través de la orina, la respiración, el sudor o las mucosas. No te descubrimos nada nuevo: para que tus riñones limpien y depuren la sangre necesitan la ayuda de dos litros de agua al día. Eso sí, consúmela siempre embotellada o filtrada para no acabar ingiriendo aún más toxinas y bacterias a través de ella.
Pero para mantenerse limpio y puro, no es suficiente con seguir una dieta equilibrada. La doctora Lluch nos recuerda la importancia de practicar deporte de forma habitual: el ejercicio físico activa nuestro cuerpo, aumentando su función depurativa: desprendemos sudor (a través del que eliminamos buena parte de las toxinas), movilizamos los intestinos, activamos el hígado y aumentamos la diuresis renal.