Como en los cuentos, un príncipe le cambió la vida
De trabajar el alambre para venderlo en Caminito pasó a ser el orfebre de los famosos y la realeza. Todo gracias al mate que le regaló en persona a Carlos de Inglaterra, el noble en cuestión.
Entre la feria artesanal de Caminito y 5 millones de espectadores en Shanghai hay un príncipe de distancia. Sin hechizos ni sapos (aunque no faltará el que tenga alguna acotación sobre el rostro de Carlos, el príncipe en cuestión). El que unió los dos puntos es Marcelo Toledo (orfebre, 38 años) que llegó a las manos de los reyes de España e Inglaterra, Juan Pablo II y Madonna, por destacar nombres de la lista a la que, hace unos días, se sumaron Guillermo y Kate.
El príncipe apareció en escena cuando promediaba la década del 90 y Toledo, que empezó a “doblar alambres” a los diez años, fabricaba bijouterie para vender en La Boca y en San Bernardo. “En esa época a Caminito no iba nadie, así que esperábamos el intercambio con Plaza Francia para hacer la diferencia”, recuerda. Una foto en un diario le sumó clientes y, con la idea de ampliar su taller, pidió un crédito para microemprendedores ante el Gobierno de la Ciudad.
El hijo de la Reina Isabel II venía en visita oficial a Buenos Aires y los anfitriones le encargaron un mate para regalarle. “Una mañana muy temprano suena el teléfono de casa y salta el contestador. Marcelo, si estás ahí por favor levantate, quieren que vos le entregues el mate al Príncipe. Tenés que estar en media hora en... Me puse un traje y salí corriendo. Al rato estaba hablando con él como si nada”, cuenta entre risas.
Lo que demuestra que en la vida hay que estar siempre listo...
O tener un traje a mano.
A Inglaterra viajaron cuatro de sus piezas y de un día para otro, todo cambió. El país transitaba “las delicias” del uno a uno y ministros y empresarios utilizaban sus creaciones como regalos oficiales. En línea con la fusta de oro y plata para Madonna aparecen artistas como Anthony Hopkins y Christopher Lambert, Ricky Martin y Robbie Williams y muchos “autóctonos”, con las infaltables Mirtha y Susana en primer lugar.
De la emoción pasamos a la adrenalina durante la IV Cumbre de las Américas, en Mar del Plata. Cancillería le había encargado la confección de los tres prendedores que se utilizarían para que los responsables de seguridad pudieran identificar a presidentes, primeras damas y cancilleres sin preguntas incómodas. “Hice la cantidad exacta y después rompí los moldes. Los pasó a buscar un auto y cuando llamé para ver si estaba todo bien, me dicen: Prendé ya la tele. Estaba Bush, uno de los hombres más poderosos del mundo, con mi pin en la solapa. Me dio escalofríos”, dice.
Cuando Felipe de Borbón y Letizia Ortiz dieron el sí, Toledo se encargó del regalo oficial: un juego de saleros y pimenteros con forma de flor. El de Guillermo y Kate pretendía ser un gesto personal. “Se lo conté a una amiga y a las tres horas tenía a todos los móviles de televisión golpeando la puerta”, dice y señala hacia el frente de su estudio, en Humberto 1° y Defensa. Para él era una mezcla de homenaje y continuidad: Carlos tenía piezas suyas, también la Reina Isabel II (en ocasión de sus 50 años en el trono), y faltaba Guillermo.
Entre la alcurnia y la farándula, Toledo recorre el mundo con sus creaciones. “Pienso colecciones que gusten afuera, como la de Eva Perón o la última, Los lujos de Baco, que presenté en Nueva York y en Moscú”, repasa. Después llegó el viaje al Shanghai, con una muestra en el stand argentino en una expo internacional que debía durar cinco días y se extendió... cinco meses. “Fueron cinco millones de personas. Uno parece poco modesto cuando cuenta estas cosas pero, ¿sabés lo que es tener cola de una cuadra y media para que ver tu obra?”. Imposible saberlo. Lo que demuestra que, además del traje a mano, hay que aprender a soñar en grande. “Pero nunca olvidarse quién sos”, insiste.