Los famosos chivitos uruguayos desembarcan en plena Corrientes
Son los de La Pasiva, un clásico que los argentinos conocen por sus panchos y pizza.
Como Enzo Francescoli, o China Zorrilla, o Jaime Roos. O, acaso, ¿como Carlos Gardel? A partir de mañana, la tradicional cadena uruguaya de restaurantes La Pasiva, famosa entre argentinos por sus chivitos y panchos, será rioplatense. El desembarco llega a lo grande y en un lugar especial: a metros de Corrientes y Callao, donde durante décadas funcionó la librería Gandhi.
No habrá cerveza uruguaya y los ingredientes de sus platos serán todos locales, pero los dueños aseguran que la técnica y la famosa mostaza llegarán intactas para mantener la mística de los platos que se sirven desde hace más de 50 años en Montevideo.
La elección del lugar para abrir su primer local no fue casual. Daniel Caruso, uno de los dueños, y Joaquín Winkler, el arquitecto que diseñó el restaurante, explicaron que para ellos, las diez cuadras de Corrientes que separan Callao del Obelisco son las mejores de América Latina . Ahí, en el “corazón de Buenos Aires” encontraron el local de Gandhi y decidieron invertir 2 millones y medio de dólares para montar el restaurante. Y mañana abrirán las puertas con tres pisos y 1.600 m2 que tendrán galería de arte, café literario con un mural en homenaje a la librería , sector VIP y un teatro para 200 personas, donde alternarán obras de Nito Artaza con otras de artistas uruguayos. La idea es que este mega local sea el primero de una cadena que prevé contar con seis sucursales para antes de fin de año.
En este proyecto, presentado como un complejo gastronómico cultural, se mantendrá el mismo menú que se sirve en Uruguay, con los infaltables chivitos canadienses (hechos con lomo, panceta, muzzarella, jamón, morrón, entre otros ingredientes), el pancho tradicional ( frankfurters o salchicha con aderezos que le dan el sabor tan famoso) y la infaltable mostaza color arena, preparada según una receta que sólo pocos conocen (y que es el sello de La Pasiva). Caruso dice que no puede revelar cuál es el secreto que la hace tan especial. Y sólo desliza que se trata de una receta “bien condimentada, con más de 15 ingredientes”, aunque promete cocineros uruguayos para que tengan el mismo sabor que allá. Los precios serán accesibles (un pancho, a $ 4). También, como en Uruguay, habrá pizza en la versión charrúa.
La Pasiva carga con una larga historia en Uruguay. Su primer local abrió en la década del 50, frente a la plaza Independencia de Montevideo. Y el nombre fue un hallazgo simple: surgió porque el restaurante estaba (y está aún) en las recovas del bellísimo palacio Salvo, que allí se llaman pasivas. Con los años se fueron agrandando y lograron instalarse entre los clásicos uruguayos como “el creador del chivito” (aunque se inventó en Punta del Este). Ese rótulo, y sus sabores, lo convirtieron en favorito de los argentinos. Caruso dice que el reconocimiento vino porque la cadena nunca marcó estratos sociales. Y porque es popular . Y lo es. Tanto, que tiene otro mérito: es una de las pocas cadenas de comida rápida que logró hacerle frente a McDonald’s. “Tuvieron que poner un local frente a cada uno de los nuestros... El secreto está en el chivito”, aseguran los dueños.