George Clooney cumple hoy 50 años Un recorrido por la vida personal y profesional del actor, director y sex symbol.
Quizá como una forma subjetiva de empujarse hacia adelante, más de una vez se repitió en sus años de juventud que él... era un tipo de suerte.
Las calles de Lexington, su ciudad natal en Kentucky, lo vieron pasar con los libros bajo el brazo y la sonrisa con la que, pocos años más tarde, haría derretir muchos corazones femeninos, buscando esa suerte que no le fue esquiva.
George lleva el espectáculo en la sangre. ¿Por qué? Porque su padre, Nick, fue un popular presentador de TV en Cincinatti, y de niño, George Timothy Clooney se metía en los estudios para verlo trabajar. E incluso, algunas veces apareció en cámara, algo que lo fascinaba.
Salvo su madre, Nina Warren, que incursionó un tiempo en política, el resto de la familia iba para el lado del arte: estaba su tía, la cantante y actriz Rosemarie Clooney, coprotagonista de un éxito fílmico de los ‘50, Navidad blanca, casada a su vez con el actor puertorriqueño José Ferrer (ganador del Oscar en 1950 por Cyrano de Bergerac), y sus primos Miguel y Rafael, también actores.
Con ese background era sólo cuestión de tiempo. La profesión del padre le abrió las puertas de la TV y trabajó en varios pilotos de series que nunca vieron la luz porque no interesaron a la audiencia. También intentó con el béisbol, su otro amor, pero reconoció muy pronto que no era lo suyo.
Miguel Ferrer, que trabajó en series policiales televisivas, lo empujó a el casting de un filme donde consiguió un papelito, pero la duda no se despejó porque la película nunca llegó a los cines.
A los 21 decidió quemar las naves y se mudó a Hollywood. Consiguió trabajar en varias series y según sus palabras: “Fui el actor desconocido mejor pago de Hollywood”. Claro que durante fines de los ‘80, los títulos donde apareció fueron Red Surf y sobre todo El regreso de los tomates asesinos.
Por fin, las puertas se le abrieron en los ‘90, cuando se convirtió en el pediatra Douglas Ross en la serie E.R. Emergencias, junto a Juliana Margulies. La serie se convirtió en un éxito y le facilitó llegar con más posibilidades al cine.
A mediados de la década lo llamó Quentin Tarantino y George pidió permiso al canal para poder filmar Del crepúsculo al amanecer dirigida por Robert Rodriguez. Un relato de vampiros donde compartió cartel con Harvey Keitel y el mismo Tarantino como actor.
Allí comenzó a consolidarse y buscó escapar de la imagen de chico bonito que lo perseguía. Apareció junto a Michelle Pfeiffer en la comedia Un día muy especial; en el thriller de Steven Soderbergh, Un romance peligroso, con Jennifer Lopez, y en dos buenos filmes de guerra: La delgada línea roja, de Terrence Malick, y Tres reyes, de David O. Russell. Luego se dio el gusto de trabajar con los hermanos Coen en la comedia ¿Donde estás, hermano?, y reconoció haber trabajado por el dinero en La tormenta perfecta y El pacificador.
Desde 2001, en que filmó La gran estafa, remake del filme de los ‘60 protagonizado por el Clan Sinatra, afinó metas y eligió mejor, como lo demuestran Syriana, Michael Clayton y Amor sin escalas. Su afinidad con Soderbergh lo llevó a asociarse con él y de allí salieron filmes como Insomnia, con Al Pacino y Robin Williams, y Solaris, remake del gran filme de Andrey Tarkovsky, en el que actuó.
La dirección le llegó casi por decantación: hizo Confesiones de una mente peligrosa, Buenas noches, buena suerte, Ella es el partido y The Ides of March, que se estrenará este año. Todo esto le valió para acumular dos premios Oscar: en el 2000, como mejor actor de reparto por ¿Dónde estás, hermano?, y en 2005, en la misma categoría por Syriana.«
Sus mujeres
Ser pediatra en TV le sirvió para llegar a Hollywood, pero encarnar a Danny Ocean lo convirtió en un símbolo sexual. Estuvo casado con Talia Balsam entre 1989 y 1993 y desde hace más de dos años se lo vincula con la italiana Elisabetta Canalis, de 31 años.
Previamente habia salido con Renée Zellweger y se rumoreó que había participado de algunas de las reuniones “non sanctas” de Silvio Berlusconi. “No tengo demasiado tiempo para relaciones porque trabajo demasiado y las mujeres se aburren de mí”, dijo.
Sus favoritas
Ecléctico y exigente, no hace mucho tiempo le dijo a la revista Newsweek cuales eran las películas de las que se enorgullecía de su carrera:
La delgada linea roja, de Terrence Malick (1998). Gran filme bélico con un reparto cargado de estrellas como Nick Nolte, John Travolta, Sean Penn y Adrien Brody, que además de ganar el Oso de Oro de Berlín da una mirada intensa, como se vio pocas veces a la realidad de los soldados, a los esfuerzos e incluso las traiciones para sobrevivir al conflicto.
Tres reyes, de David O. Russell (1999). Una dura autocrítica a los Estados Unidos por episodios acontecidos durante la Guerra del Golfo. Filme muy crudo, pero con momentos de gran humanidad, donde lo acompañaron Ice Cube y Mark Wahlberg.
La gran estafa, de Steven Soderbergh (2001), donde se divirtió junto a sus amigos Brad Pitt y Matt Damon con los vaivenes del robo a las cajas de seguridad de tres casinos, para lo que cortan la luz de todo Las Vegas.
Syriana, de Stephen Gaghan (2005), que le agradó por la temática: exponer los negocios fraudulentos de dos empresas petroleras fusionadas.
Michael Clayton, de Tony Gilroy (2007), en la que es un abogado que, aunque no ejerce, se encarga de limpiar los trapos sucios de los clientes de un importante bufete en forma rápida, sin escrúpulos y sin despertar sospechas.