Mis hijos nacieron con este personaje y fueron mis críticos
Como no le conocen la cara, pasea entre la gente antes de las funciones. Y dice que su música ayuda en la crianza.
Hay un momento en el que todo parece caer por un precipicio. Porque hay que decirlo: la llegada del primer hijo no es pura felicidad. Y nadie –qué complicidad más extraña– es capaz de advertírselo a una pareja de primerizos. El parto suele doler, el bebé llora casi siempre, los padres no duermen más de dos horas, la pareja es una palabra desconocida durante un buen tiempo... ¿Por qué nadie avisó? Toda madre primeriza tiene derecho a sentirse desbordada. Y esa sensación suele durar, encima, hasta los dos años. Pero este no es un espacio de autoayuda. Sino una prueba de que, a veces, la vida es realmente justa. Sí, lo es. En ese momento en el que todo parece caer por un precipicio, en la vida de los bebés aparece... Piñón Fijo. Y entonces la rutina tiene su canción, el sueño la suya, el baño y el chupete también y la convivencia familiar tras el huracán pasa a ser un lindo juego entretenido.
Quizás todas las madres deberían agradecerte esa ayuda.
¡Totalmente!
Piñón recibe en el camarín del Coliseo un ratito antes de salir a escena. Habla y se maquilla a la vez. Así que todavía es un poco Fabián Gómez, cordobés, 46 años. El primero en entender por qué sus canciones son una niñera extra para padres desbordados. “Sí –ríe, con toda la boca roja– yo también viví eso. Mis hijos nacieron con este personaje y este personaje nació con mis hijos. Ellos fueron mis críticos y ¡hasta mis conejillos de indias!”.
Y hoy parecen jóvenes felices y sanos. Así que tus canciones funcionan con el tiempo.
Ellos eran bebés cuando salí por primera vez con la guitarra. Y ahora también están conmigo sobre el escenario. Sol tiene 23, Jeremías 22 y Piñón 21. Hay una vida detrás de eso...
Una vida que tuvo mucho escenario, un momento de popularidad máxima en Buenos Aires (llegó a hacer 60 Gran Rex en 2003, 20 Luna Park en 2004 y otras tantas funciones en el Opera), una gira por el interior después de ese furor, un par de mitos sobre su identidad y, ahora, 40 presentaciones programadas en el teatro Coliseo en su esperado regreso a la Ciudad. El está más tranquilo y dispuesto a disfrutar. Es que, aunque no lo diga, en Buenos Aires no todos lo trataron muy bien. Sobre todo algunos medios que se encapricharon en conseguir una foto suya sin maquillaje. Piñón dice que después de esa polémica prefirió correrse del centro y priorizar las giras por el interior. Pero aclara que nunca dejó de hacer shows. “En Buenos Aires quedó la sensación de la desaparición, porque si no estás en la tele no existís, pero nosotros siempre estuvimos de gira, acumulando aprendizajes en otros lugares, sin hacer escala en Buenos Aires. ¡Somos medio rebeldes!”, dice.
Hoy todavía mantiene el misterio –y su magia– debajo del maquillaje. “Para los chicos Piñón es éste. Y por más que venga un adulto y les diga mirá, este señor es Piñón, ellos van a defender su ilusión. Se armó un mito muy grande, pero la esencia de esa decisión es preservar la ilusión”, aclara. Hace unos días, ese tema también generó un divertido cruce en la radio con Sebastián Wainraich, que lo definió como el “Hombre Invisible” porque puede andar tranquilo cuando no lleva el traje. “A veces suelo mezclarme entre los chicos que están esperando para entrar al teatro. Y es lindo. ¡En realidad es muy parecido a estar muerto y andar paseando entre los deudos!”, contó, divertido. Hoy, dice que lo que más valora es la respuesta de los chicos. Y adelanta que está trabajando en su película. “Es un sueño. Es difícil hacer cine en este país y más en el interior, pero estamos con eso”, se entusiasma. Y los padres primerizos, ¡más que agradecidos!