Es la única mujer de la compañía Akoreacro y presenta en Polo Circo, este fin de semana, el espectáculo Pfffffff. Habla de la renovación del género en Europa.
La única mujer de la compañía. Es la primera referencia que tenemos de esta francesita de goma que mmmm, que voilá ( de cuando “voilá” es como una exclamación de ojos abiertos y redondeados ). Si vos no sabés nada sobre la historia del circo o si sos de aquellos que piensan que circo y Cirque du Soleil son sinónimos y si sabés, aunque sea por un aviso, que en el Soleil hay mujeres de aquí, de allá y de todas partes, que el guía nos reciba diciendo que Claire Aldaya es la única mujer, nos lleva a pensar que los franceses son tremendos machistas y te cuesta creerlo porque, claro, un país como Francia, con una tradición tan igualitaria desde 1789 y ... en fin.
Ya delante del personaje, bon jour Claire y otro saludo a dos mejillas, no vas a plantearle esta cuestión de ciudadanía de las mujeres francesas porque sos educadísismo, así que cambiás el asombro por una preguntita trémula y rompehielos: ¿Es cierto que sos la única mujer de la compañía Akoreacro? Empezaron siendo tres hombres y yo. Después, con el tiempo, se fueron sumando músicos al espectáculo y los interesados que respondieron al aviso clasificado resultaron ser todos hombres. En total somos 14. Trece hombres y yo.
Claire y sus amigos acaban de llegar a Buenos Aires para actuar, este fin de semana del festival Buenos Aire s Polo Circo .
Akoreacro suena a maquinaria agrícola pero es una mezcla de acrobacia, coreografía, etcétera. “Eso quiere decir”, explica. Su debut en la Argentina será con Pfffffff !, un show que, según Claire, fusiona “música y acrobacia” (ella es la encargada de estar por los aires).
Pfffffff ! es como un cuento de hadas moderno donde se encuentran siete hombre y una mujer. ¿A cuál de todos elegirá ella? ¿Va a probarlos a todos? ¿Los hombres se prueban como helados? ¿Va a quedarse con todos o con uno solo de ellos? Si le decís que en los últimos años la información casi excluyente que nos llega del circo sólo tiene que ver con el Soleil, Claire medio que hace una mueca de disgusto, como diciendo lástima, se están perdiendo algo bueno, o como diciendo que nos la pasamos extasiados en un local de comidas rápidas.
“Para mí, además del Cirque du Soleil, hay más. El circo ruso es algo fabuloso, ¡la escuela de circo rusa es fabulosa! Y ahora en Europa, con el circo contemporáneo se está abriendo un universo completamente nuevo. Y cuando pienso en circo contemporáneo no incluyo al Soleil. Lo considero una suerte de Hollywood, una industria del circo que tiene muchos recursos económicos para los decorados y la escenografías y donde los artistas, en sí mismos, no se deben sentir muy representados. Esto es totalmente subjetivo, pero los artistas del Cirque du Soleil son piecitas de una máquina donde lo único que importa es la diversion. Y poder transmitir emoción desde una puesta semejante, es algo demasiado complicado”.
Lo que Claire quiere explicar es que Akoreacro viene a ser algo así como la contracara del Soleil. “La fuerza de nuestra compañía radica en que somos un grupo de artistas puestos en un mismo nivel, cada uno con sus ideas y cada uno teniendo la posibilidad de defender su propia producción. Además, apuntamos a que el público forme parte de la producción colectiva y por eso nuestro show tiene una búsqueda netamente poética. No se repara tanto en le escenografía; de hecho lo que podés ver en la escenario es bastante pobre: cubos de madera, nada ostentoso”.
Claire tiene 23 años. Desde los tres anda en el circo sin ningún padre, tío o abuelo con prosapia acrobática. Pide simplemente que nos imaginemos a una niñita hiperkinética, cuyos padres necesitaban que a la noche su hija cayera rendida. “¿Entonces? Entonces me mandaron a una escuela de circo, mientras probaban con otras actividades como la danza clásica y la gimnasia artística, hasta que se terminaron inclinado por el circo por una razón importante: ensamblaba todas las disciplinas juntas sin la necesidad de competir. Con el circo podía gastar energías divirtiéndome, no como le pasa a una bailarina... Viniendo para acá, en el avión, pasaron El Cisne negro ... Terrible”, dice sobre la historia de dos bailarinas de ballet en una producción de El lago de los cisnes .
“Terrible... La tradición familiar en el circo se revirtió, por lo menos en Francia, debido a que hay muchísimas escuelas de circo. Esto es algo que empezó hace unos diez o quince años así que ya es más común esta tendencia que dedicarse al circo por herencia familiar”.
Y en este punto intercambiamos información diciéndole que acá, en Buenos Aires, también está lleno de escuelas de circo, y ella dice ajá, mira vos, y entonces uno quiere saber si allá las “pasantías” también suelen hacerse en los semáforos y para tu asombro, ella no se asombra ni se escandaliza con lo que le contás sino que cuenta que los semáforos y la calle toda es una excelente escuela.“Yo también trabajé mucho pasando la gorra -dice chapeau -. La calle es una muy buena escuela. La gente no paga por sentarse sino que tenés que seducirlos para que paguen por algo que ni siquiera eligen. Es un recurso que nos forma mucho”.