¿A los vecinos de Caballito les conviene un gasolinazo?
Es fácil prever según la ley de la oferta y la demanda que un bien mantenido artificialmente barato durante mucho tiempo tenderá a escasear. De modo que era previsible que habría cuellos de botella con los combustibles, cuyos precios han sido contenidos por el Gobierno.
Con costos crecientes para las estaciones de servicios y márgenes congelados, era previsible también que muchas desaparecerían. Menos fácil era avizorar que esta clase de políticas podía ser un castigo para los vecinos de barrios de casas bajas que no quieren que aparezcan grandes torres cerca de sus domicilios.
La situación creada en los últimos años fue clara. Para la construcción, precios y márgenes absolutamente libres, libertad de trasladar la inflación, los mayores costos y aumentar todo lo posible las ganancias. Del otro lado, precios regulados casi congelados y costos crecientes para los propietarios de estaciones de servicio.
En un mismo terreno, dependiendo del negocio que se tiene, hay libertad absoluta para los precios o regulación completa de los valores.
Visto de este modo no resulta extraño que tal como lo informó LA NACION desde 2001 al presente cerró una de cada tres estaciones de servicio. No ha sido por falta de demanda, puesto que el parque automotor no paró de crecer y en los últimos años se batieron récords de patentamientos de automóviles y motoclicletas. Pero mientras el mercado inmobiliario parece un negocio floreciente en el que el Gobierno no interviene, el de los combustibles es todo lo contrario. El Ejecutivo, además, no piensa en cambiar. Ante problemas recientes en el abastecimiento de combustibles, el ministro de área, Julio De Vido amenazó con intervenciones todavía mayores.
Pero, además, algunas otras políticas parecen jugar más en favor de valorizar los inmuebles urbanos. Las tasas de interés por depósitos bancarios son fuertemente negativas frente a la inflación y lo mismo ocurre con la cotización del dólar. De modo que "los ladrillos" son vistos como un modo de preservación del valor, lo que a su vez vuelve a impulsar los precios.
Por todo ello no es extraño ver que en muchos lugares donde antes se despachaban combustibles hoy se levantan modernos edificios.
Para los vecinos de casas bajas, ver la estación del barrio cerrada y con el cartel de "Se Vende" tal vez vaticine muchos más problemas que tener que recorrer mayores distancias para llenar el tanque. Pero es difícil que salgan a pedir la liberación de los valores y un "gasolinazo" para cambiar la tendencia.