A pesar de las millonarias inversiones, el gigante asiático enfrenta el desafío de promover la innovación en un entorno dominado por el control gubernamental
China asume el reto tecnológico. Ya no sólo quiere ser el productor de los últimos inventos sino que también aspira a ser el creador y busca promover un programa entre su población en la búsqueda de ideas que puedan revolucionar su industria.
Las autoridades chinas están invirtiendo millones de dólares en desarrollar este sector convencidos de que pueden competir en el mercado internacional. Durante las últimas tres décadas, el gobierno ha utilizado la tecnología desarrollada en otros países para convertirse en el principal centro de producción del mundo que, basado en una mano de obra barata, le ha permitido fomentar las exportaciones para impulsar su crecimento económico.
"Hasta ahora nos hemos concentrado en la fabricación", dijo Gao Xudong, profesor de Administración de la Universidad Tsinghua en Pekín. "Pero para el siguiente paso debemos invertir más dinero en ciencia, crear más conocimiento y contribuir más para el mundo".
Espíritu creativo. El primer paso para China es encontrar ideas que contribuyan al desarrollo de la industria. En este aspecto, la historia de Wu Yulu, un campesino sin ningún tipo de educación formal que se dedicó a construir robots caseros, representa parte de este proceso.
En su tiempo libre, Wu construía robots con los desechos que encontraba. Su pasión estuvo cerca de costarle la vida al confundir unos detonadores con baterías que hicieron volar su casa y le produjeron quemaduras en su cara. Durante veinte años estuvo trabajando en sus inventos hasta que se inscribió en un concurso de televisión y su vida cambió.
Wu ganó el primer premio y dejó los campos para montar una fábrica en la que, con 50 empleados bajo su supervisión, construye robots a la carta. Sus creaciones se han popularizado y es invitado frecuentemente a dar charlas en universidades y colegios.
El ejemplo de Wu, comenta Martin Patience, el corresponsal de BBC en Pekín, es el que las autoridades buscan fomentar para incrementar el número de patentes registradas en el país, sea por individuos o por compañías chinas.
Pensando diferente. Pero las críticas al programa resaltan que la innovación necesita algo que más que la predisposición del gobierno y ventajas fiscales.
También es importante un ambiente en el que se motiva la creatividad, un concepto complejo al provenir de un estado autoritario en el que la mayor parte de la enseñanza se hace a través de un aprendizaje basado en la memoria y la repetición.
"Una de las frases que se usan frecuentemente en China son al clavo que sobresale lo martillan primero y al pájaro que sale volando es el primero al que le disparan", explica Patrick Chovanec, un economista estadounidense en Pekín.
"Esta no es la actitud que le motivará a la gente a pensar diferente. Aquí hay una sociedad que está dirigida hacia el conformismo, la estabilidad y lo predecible".
Pero el caso de Wu Yulu parece demostrar lo contrario. "Las autoridades quieren que la gente piense en grande y confían en que, con personas como Wu, China pueda cambiar", agrega Patience.