En una unión que revitaliza la casa real, el príncipe se casó ayer con quien fue su novia durante ocho años y también compañera de universidad; cientos de miles de personas siguieron los festejos en Londres y unos 2400 millones por televisión e Internet
LONDRES.- "¿Estás contento?", la pregunta de Kate Middleton, la plebeya convertida ayer en duquesa de Cambridge y futura reina británica, puso un toque de intimidad a una boda real de la cual, gracias a la TV y a internet, fueron testigos 2400 millones de personas en todas partes del mundo.
La inquietud, dirigida al príncipe Guillermo y pronunciada discretamente en el carruaje que condujo a la pareja, ya como marido y mujer, de la abadía de Westminster al Palacio de Buckingham, fue de inmediato disipada por una contundente respuesta afirmativa.
Y el sentimiento del segundo en la línea de sucesión al trono británico fue compartido por todos en las calles. Porque todo salió a la perfección, lo que les dio a los británicos una razón para vibrar y celebrar a lo grande en medio del ajuste económico.
Hasta el cambiante clima inglés desafió todos los pronósticos: ni una gota de lluvia cayó durante toda la procesión; tampoco cuando Guillermo le dio, no uno, sino dos besos a su esposa, tal como lo había reclamado una multitud cercana al millón de personas que agradeció eufórica con vítores y agitando banderas Union Jack, un gesto significativo en el proceso de revitalización de la monarquía británica.
La imagen en el balcón del palacio fue digna del cuento de Cenicienta. Ella, con el velo recogido sobre una pequeña tiara de diamantes de la colección de la reina, lucía un vestido blanco marfil satinado con mangas de encaje y larga cola que recordó más al traje de la plebeya Grace Kelly en su boda con el príncipe Rainiero, allá por la década del 50, que a las innovadoras creaciones de la marca Alexander McQueen para la cual trabaja su diseñadora, la británica Sarah Burton.
El príncipe llevaba el uniforme rojo y negro de coronel de las Guardias Irlandesas del ejército británico.
Detrás les sirvió de marco la plana mayor de la familia real, acompañada por primera vez por una familia de clase media: los Middleton.
El servicio religioso de Kate y Guillermo, al que asistieron 1900 invitados, transcurrió sin problemas de no ser por unos segundos en los cuales el príncipe pareció no poder deslizar en el dedo de la novia el anillo de oro galés que la reina le había dado de regalo.
Bajo el gótico techo de la milenaria abadía, decorada, también por primera vez con ocho árboles, incluidos seis arces (símbolo de la humildad), pobres tuvieron ocasión de codearse con ricos y desconocidos, con celebridades.
Entre ellos, el futbolista David Beckham y su esposa Victoria; el músico Elton John y su marido; el actor británico Rowan Atkinson, conocido como Mister Bean; la reina Sofía de España; los príncipes de Asturias, Felipe y Letizia, así como Martin y Sue Fidler, los carniceros de los Middleton. También estaban los príncipes de Holanda, Guillermo y Máxima, la única argentina y una de las pocas latinoamericanas en la boda.
La informalidad se hizo notar, pero estuvo lejos de dictar el orden del día. Con trompetas, música de órgano, himnos en inglés antiguo y en latín, la ceremonia se ajustó a la tradición victoriana.
La novia marchó del brazo de su orgulloso padre, Michael Middleton, desde la puerta hasta la nave central de la abadía. La había escoltado su hermana menor, Pippa, de 27 años, y seis niños de entre 3 y 10 años. Y el príncipe la recibió murmurando: "Estás preciosa". A su suegro, Guillermo le comentó en tono de broma: "Se suponía que esto iba a ser una cosa pequeña y familiar".
El arzobispo de Canterbury, Dr. Rowan Williams, solemnizó el matrimonio con la colocación de los anillos (que Guillermo ya dijo no usará), y la frase: "Lo que Dios ha unido que ningún hombre lo separe".
La novia había antes prometido amar, consolar, honrar y cuidar a su esposo. La palabra obediencia fue omitida, como lo hizo la princesa Diana en sus votos matrimoniales.
Sereno y con aplomo, el hermano de Kate, James Middleton, un repostero de 24 años, leyó desde el púlpito mayor un pasaje de la Biblia.
El padre del novio, el príncipe de Gales; su madrastra, Camilla, duquesa de Cornualles; su hermano, el príncipe Harry; los padres de la novia, Carole y Michael Middleton, y su hermana, Philippa, fueron testigos y firmaron las actas matrimoniales.
Tal como habían adelantado, la reina y el duque de Edimburgo partieron de fin de semana tras ofrecer a 650 de los invitados una recepción en el Palacio de Buckingham, en la cual los recién casados fueron fotografiados cortando una torta de boda que consistió en la combinación de 17 tortas de fruta galesa decoradas con 900 flores y hojas de mazapán.
La gran sorpresa la causó Guillermo al ponerse al volante del Aston Martin de su padre para conducir a su esposa a Clarence House, bajo la mirada atónita de la muchedumbre.
La multitud se había congregado desde temprano. La amplia y arbolada avenida que va de la abadía al palacio se convirtió en el escenario de una bulliciosa y colorida fiesta. Una mujer británica, llegada de Bristol, cargaba una canasta de flores silvestres, de su jardín, esperando el paso de la carroza. "Es muy bonita; Kate está hermosa", dijo Paul Thouson, que desde la madrugada se instaló frente al Palacio de Buckingham. "La verdad es que los ingleses adoran a Kate, aunque no sea de sangre azul."
"Una plebeya convertida en princesa es un cuento de hadas que les contaré a mis nietas", dijo Sharon Lewis, una estadounidense que viajó a Londres para participar de los festejos callejeros.
Tras un par de horas de descanso en su residencia oficial londinense, la pareja retornó al Palacio de Buckingham para participar de los festejos privados organizados por la hermana menor de Kate y en los cuales el príncipe Harry y el padre de la novia pronunciaron informales discursos que coronaron la jornada. "Hemos tenido un día maravilloso", dijo Kate, cuando se dirigía a la fiesta nocturna en el Palacio de Buckingham.
Los títulos
Antes de que comenzaran los festejos, el día empezó con el anuncio de la decisión de la reina de conferir al príncipe Guillermo los títulos de duque de Cambridge, barón de Strathearn (título escocés) y barón de Carrickfergus (norirlandés). Esto significa que Kate será "Catherine, duquesa de Cambridge", y no "princesa", aun cuando será reconocida con el estatus de "princesa" en términos de rango cuando se trate de establecer jerarquías. Por más que esto parezca a contrapelo de la expectativa popular, el gesto de la reina está destinado tanto a respetar la tradición como a evitar que se quemen etapas en la carrera real de la pareja.
Y, después de todo, nadie podrá impedir que los medios le otorguen a la joven, como lo hicieron con la madre de Guillermo, su propio título nobiliario: "Lady Kate".
LOS PROTAGONISTAS DE LA BODA
KATE MIDDLETON
El primer beso público con su flamante esposo, en el balcón del palacio, fue bastante corto: duró sólo 0,7 segundos; el segundo, algo mejor: 1,1.
PRINCIPE GUILLERMO
Miembro de las tres ramas de las fuerzas armadas británicas, eligió el uniforme rojo de coronel del regimiento de infantería de la Guardia Irlandesa porque en ella ostenta su mayor rango en la jerarquía militar.
MICHAEL MIDDLETON
Segundos antes de que comenzara la ceremonia religiosa, el padre de Kate escuchó una broma de su yerno, Guillermo: "Se suponía que esto iba a ser una cosa pequeña y familiar".
GRACE VAN CUTSEM
De sólo tres años, la ahijada de Guillermo fue la única del grupo de niños que rompió el protocolo: cuando la pareja se besó, ella, con gesto de disgusto, se tapó los oídos por el griterío ensordecedor.
REINA ISABEL II
Poco dada a las expresiones espontáneas, no ocultó su felicidad por la boda. "Fue increíble", le dijo a su esposo, luego de bajarse de la carroza real.
PHILIPPA MIDDLETON
La hermana de la novia, conocida como Pippa, impresionó a fotógrafos y comentaristas, y estuvo cerca de opacar a Kate; de 27 años, se convirtió en la soltera más codiciada de Gran Bretaña.
PRINCIPE HARRY
Conocido por sus incursiones nocturnas, planeó un desayuno para los que resistieran anoche hasta el final la fiesta que organizó en el Palacio de Buckingham.