Hace de una anciana de 93 años y su relación con el pibe chorro que le quiso robar
Enfundada en un vestido animal print de generoso escote, Betiana Blum entrega toda su seducción durante la sesión fotográfica previa a la entrevista con La Nacion. Después vendrá la sorprendente transformación, de apetecible femme a una anciana de 93 años, la ex maestra solterona que impulsa la trama de Más liviano que el aire , versión de una novela de Federico Jeanmaire, que Blum hará desde esta noche en el Regina, con dirección de Gabriela Izcovich. Cuenta Blum que hasta fines de 2010, cuando la dramaturga, directora y actriz Gabriela Izcovich le llevó este proyecto, el teatro no estaba en sus planes. "La verdad, no encontraba material que justificara lo que significa dedicarle mis fines de semana, la energía que lleva hacer teatro. Además, hago una tira diaria en El 13."
-¿Y qué la decidió a encarar la propuesta?
-No era cuestión de un personaje o una obra. Sentía que tenía que ser algo que tuviera ganas de decir. Algo que me pareciera que a la gente le iba a hacer bien escuchar, compartir. Era lo que me costaba encontrar. Cuando Gabriela me habló del proyecto, ya desde el título de la novela de Federico Jeanmaire, Más liviano que el aire , me atrajo. Entonces, me interesó conocer el material. Leí la adaptación que hizo Gabriela; sentí que era muy profundo y que luego iba a seguir descubriendo todo lo que había en ese material. Sentí que valía la pena poner la energía y los domingos dormir menos o no poder irme un fin de semana afuera.
-Entonces, ¿qué compartirá con el público?
-Lo que dice esta obra, que me atrajo de entrada y me conmovió, es que a través de estos personajes (una mujer que representa casi un siglo, y un joven landroncito interpretado por Juan Francisco Barberini), y una vez creada la situación de que ella lo encierra en su casa, se pueda tocar y abarcar una variada gama de cuestiones.
-¿Por ejemplo?
-Hablar, por ejemplo, de qué es el alma de la mujer; qué es el deseo de una mujer: " Más liviano que el aire es el deseo de cualquier mujer. Más liviano que el aire"? Eso ya te coloca en un lugar que no habías pensado. Abre un espacio. Y en ese espacio, se tocan temas como? Ella se cansó de ser hombre, y decidió actuar como una mujer. Porque todo el tiempo nosotras estamos tomando actitudes masculinas. Y sentimos como un agobio, un cansancio. De pronto nos relajamos, ¡y todo sale! Estamos dando topetazos, ¡y de pronto todo fluye!
-¿Cuesta darse cuenta, no?
-¡Sí, y aprenderlo nos va llevando un siglo! Me pareció interesante que el autor hubiera podido abarcar esta realidad cercana a nosotros, y todo lo que vemos y estamos aprendiendo en esto de ser mujer, de ser hombre, de tomar actitudes masculinas o femeninas. Y además, todo lo demás que sucede alrededor de estos personajes, y que le ocurre a alguien que vive sin amor.
-¿La anciana demoniza al chico por su juventud?
-No. Lo que pasa en la obra es la suma de esta mujer más este chico, y sólo contamos hasta ahí. Porque así comienza la obra: ella acaba de encerrar en el baño a un pibe que le quiso robar, y de esa mezcla de ese chico y esa mujer, de esas edades y de esas experiencias de vida tan distintas (ella es una mujer de la alta sociedad), surgen diversas cuestiones. Pero son dos personas que han vivido sin amor y, en esta suma, el autor logra un resultado sumamente profundo, de mucho humor negro, de gran ternura, compasión. A su vez, a través de esta mujer que tiene casi un siglo, de lo que cuenta, de lo que le pasó, de su experiencia, de sus pérdidas, se va hablando de nuestra sociedad. Y el chico también está hablando de nosotros como sociedad. ¿Por qué está en la calle y no está en la escuela? ¿Por qué roba? La obra muestra a estos dos seres marginados que, de última, son muy parecidos, por muchas razones, que va descubriendo el espectador en el curso de la obra. Y es lo que produce humor.
-Es sabido que, a través del humor se pueden contar, incluso, tragedias.
-Las cosas que a esta mujer se le ocurren; su punto de vista de la realidad confrontado con lo que pueda entender este chico, todo lo que ella proyecta en él, lo que espera, todo lo que le pasa al muchachito estando encerrado en ese baño, cómo se van adaptando en este tiempo que comparten? Son situaciones de muchísima ternura, con las que la gente también podrá reírse mucho. Es un material apasionante, y creo que la concepción de la directora es una joyita, muy disfrutable.
PARA AGENDAR
Más liviano que el aire . Adaptación y dirección de Gabriela Izcovich, a partir de la novela de Federico Jeanmarie. Con Betiana Blum y Juan Francisco Barberini. En el Regina , Santa Fe 1235. Viernes y sábados, a las 21 , y domingos, a las 20 .
"NO QUIERO PERDERME A MI NIETO"
Por primera vez en su prolífica vida artística, Betiana Blum se mete en el cuerpo y el alma de una anciana de 93 años. ¿Desde dónde encaró la composición de un personaje al borde del siglo de vida? "Uno elige entre las cosas con las que va a trabajar", reflexiona la actriz. "En este caso -agrega-, trabajamos con lo que ya no tiene una persona de esa edad: velocidad, facilidad para agacharse o caminar. Trabajamos las limitaciones físicas, la lentitud, la gestualidad, sus manos (¡nada de tanto ademán como suelo hacer yo, que a veces no paro de mover las manos!). Y en cuanto a lo interno, la soledad y la falta de amor. De cualquier manera, esta viejita es de esas que son pólvora. Obviamente, no es la misma vitalidad que de joven. Pero tampoco es una vieja craquelée . Tiene una mezcla de todo. Es como un ovillo que se va desenvolviendo. Y ella misma se va dando cuenta de muchas cosas que no tuvo. Es como la figurita que nunca terminó de encajar en ningún lado."
- En la creación de personajes, ¿el teatro le permite ir más a fondo que la televisión?
-Cuando hago un personaje, me comprometo con él, sea en el medio que sea. Le busco diferencias para trabajar distintos aspectos de una personalidad. En los últimos tiempos, en televisión tuve un personaje como el de Argentina Varela, una mujer un tanto naïve (N. de R.: en Valientes , la tira de El 13); después hice de madre de las chicas de Para vestir santos , y ahora, en Herederos de una venganza , hago a Delicia Leiva, que es fuerte, brava. Los seres humanos tenemos distintos volúmenes en las emociones. Pero todos tenemos las mismas emociones. Simplemente que, por ahí, en un asesino tiene más volumen la violencia, y en un santo, la compasión. Depende de cómo se ecualice todo eso. Yo trabajó de esa forma; me gusta la imagen del volumen en determinadas emociones.
-Luego de Esperando la carroza 2 (2009), no volvió a filmar. ¿Extraña el cine?
-Por ahora, no tengo propuestas concretas. Me mandaron algunos guiones. Ocurre que salgo del canal, voy al teatro y, cuando llego a casa, tengo que preparar las escenas de la telenovela para el día siguiente. Y además, tengo mi nieto, de 2 años y medio. ¡No sabés cómo busco el instante y recorto los tiempos de donde puedo, para verlo! Porque no lo veo unos días, ¡y ya el nene avanzó que ni te cuento! No quiero perdérmelo. Así que estoy a full , disfrutando lo que me toca vivir.