Karina Jelinek y Leonardo Fariña contrajeron matrimonio ayer en Palermo. La fiesta será esta noche.
El señor calvo que se casó a las 13 de ayer no tenía idea de que, después de él y su reciente esposa, le llegaba el turno a Karina Jelinek y Leonardo Fariña. El nene rubio que caminaba por la vereda de la calle Beruti, a metros del Alto Palermo, tampoco: “Papá, no entiendo, ¿por qué toda la gente sigue a ese auto?”.
Bueno, nosotros tampoco entendemos mucho pero sabemos que, así de fugaz como fue el noviazgo entre Karina y el morocho que usa rodetito, fue la ceremonia que convirtió a la modelo en Karina Olga Jelinek de Fariña.
A las 14.39 llegó al registro civil un Focus 2.0 gris oscuro y todos los periodistas se abalanzaron sobre él. Pero no. No, no. Los que iban en el coche eran la mamá de la novia, Carmen, su padre y su hermana. Carmen le contó a Clarín que había pasado por la casa de su hija para verla y que estaba muy feliz. Pero se la veía nerviosa. “No puedo hablar ahora”, explicó casi suplicando. Los otros dos hermanos de la chica estaban tan entusiasmados con las notas televisivas que se acordaron de entrar... ¡Cuando los novios ya se estaban casando!
Detrás del auto de los padres, un segundo más tarde, se acercó a la entrada lateral de la oficina pública un Audi S3 manejado por Fariña. A su lado, claro, iba la chica que le deja todo a su criterio.
Karina contó que tuvo que tomar una pastilla para poder dormir y que aún así continuó contando ovejitas durante toda la noche anterior a la unión. Confesó, además, que la primera velada como marido y mujer no la iba a pasar con Leonardo.
Con más periodistas que fanáticos y una enorme cantidad de palomas que se hicieron la panzada con el arroz de la vereda, los novios dejaron el registro a las 15.28 para irse derechito, derechito, al departamento de Karina, en Avenida del Libertador y San Martín de Tours. Pero antes, pidieron que la prensa ingresara a la sala de la oficina que vemos en esta foto y que (atenti a la pantalla de TV) quedó con todos los cuadritos destartalados.
Hubo ramo de rosas color natural. ¿La afortunada? La periodista de Pía Shaw. ¿Otro dato? El marido de Iliana Calabró, Fabián Rossi, se encargó de organizar a los camarógrafos. Dicen que es amigo del jefe de Fariña, que tendría una inmobiliaria. Las curiosas señoras de la calle se quejaron: “Debería haber bajado un poquito el vidrio por delicadeza”. Bueno, no se enojen. Competir con la Boda Real no es poca cosa, ¿o no?