La talabartería de Lanús que vio pasar a tres generaciones
Abierta en 1946, hoy funciona con el yerno y el nieto del fundador.
Llevo cuarenta años en esto. Y a pesar de ser un oficio ligado a lo tradicional, siempre hay cosas nuevas para aprender y para innovar ”. Es palabra de Alejandro Pérez, que a su lado tiene la prueba de lo que dice. Su hijo Diego, de 29, lo acompaña en la talabartería El Recuerdo, en Lanús Oeste , que en 1946 fundó Juan Carlos Quattrocci, suegro de Alejandro y abuelo de Diego.
Juan Carlos, de 78 años, se alejó del negocio tras medio siglo. Y dejó que Alejandro y Diego lleven adelante el legado. “Este oficio es infinito. Está lleno de estilos y secretos sin importancia, pero si no los conocés, fuiste”, dice el menor de la dinastía, que quizá algún día le transmita los conocimientos a sus hijos.
Arneses para carruajes, bastos cincelados a mano al estilo antiguo y accesorios para recados son las principales creaciones de este lugar, en donde domina el olor a cuero. El sello, la marca, también aparece en las sogas y los correajes, en las monturas, los cinturones y los rebenques que se ven en la vidriera y están colgados por todo el negocio.
Con el cuero como materia prima, El Recuerdo trabaja por pedido de los diversos clientes, que llegan desde todo el país, y también para exposiciones rurales como la reciente Nuestros caballos o la muestra anual de la Sociedad Rural Argentina.
En una época casi sin carruajes y caballos transitando las calles, las nuevas generaciones debieron reinventarse . “Primero encontramos clientes en centros tradicionalistas de Lanús y Avellaneda”, cuenta Pérez, y agrega: “Después nos expandimos a pueblos como Bragado, Chascomús y Carmen de Areco, entre otros. Y hoy tenemos clientes en Tucumán, Neuquén, Misiones o Comodoro Rivadavia”.
Alejandro y Diego son los únicos que manejan la medialuna (cuchillo redondo), las lesnas (agujas curvas para coser), los sellos y las macetas (martillos grandes). “Trabajamos nosotros solos porque no hay gente que esté capacitada o dispuesta a hacerlo. Es un oficio que no se aprende de otra forma que no sea por tradición familiar. Es la única manera de seguir: no hay otra”, dice Alejandro.
En la gran mesa de trabajo hay retazos de cuero, maderas y las herramientas, que brotan de un cajón. “Esta antigua medialuna es de acero y está hecha en París”, subraya Pérez, y sostiene: “La tradición tiene altibajos pero no se pierde nunca”. Juan Carlos, el fundador de El Recuerdo, resume: “Las talabarterías vivimos porque, en realidad, somos pocos en este oficio hermoso”.